domingo, 3 de julio de 2011

Transformers: En el lado oscuro del cine palomitero


Lo primero es lo primero: este es el final de la saga 'Transformers', al menos por parte de Michael Bay y a la espera del presumible reboot/secuela/laputadeoroquelosparióvanaseguirexplotandolagallinadeloshuevosdeoro. Y es una saga que, para bien o para mal, define a toda una generación de jóvenes. Yo me crié con las pelis noventeras y, posteriormente, con 'El Señor de los Anillos' y con 'Harry Potter'. Y, sinceramente, no puedo evitar comparar las tres películas de Michael Bay y Spielberg con la serie animada 'Transformers' y acabar concluyendo que la serie (pese a no ser nada del otro jueves) es infinitamente mejor y más coherente en cuanto a personajes, desarrollo y universo propio.

Pero para toda una generación (especialmente de jóvenes yankis, principal público al que siempre se dirigió esta saga peliculera) a quien la primera y bastante digna 'Transformers' (estrenada en verano de 2007) pilló en plena niñez o adolescencia, esta saga ha sido entrañable y representativa de una etapa. ¡No hay más que consultar los foros de IMDB o los comentarios de YouTube para darse cuenta de ello! La saga 'Transformers' es, para esta generación, algo así como para la mía sagas como 'Regreso al Futuro' o 'Gremlins' (sin comparación posible alguna, eso sí).

Dejando al margen esto, he de decir que esta tercera y última entrega de 'Transformers' es una enorme mejoría a todos los niveles respecto a la segunda y catastrófica segunda entrega (un infame bodrio de dos horas y media al que despaché agustísimo y sin remordimiento alguno). Y, además, es sorprendente y única como experiencia audiovisual (que no narrativa). Pero para llegar a ello, primero tienes que pasar por lo que yo llamaría "el horror".

A una eficaz y prometedora introducción de diez minutos le sigue aproximadamente una hora y cuarto repleta de escenas inconexas, de personajes insufribles (los padres del protagonista, Sam Witwicky, encabezan de largo esa lista, aunque también habría que dar una medalla de honor a los desquiciantes personajes de John Malkovich y de Ken Jeong) y de gags sin gracia alguna que obstaculizan sin descanso el correcto avance de una trama que, en otras manos, hubiera sido muchísimo más interesante y jugosa. En lo que dura ese metraje, Bay solo se preocupa de crear planos bonitos (ojito a la fotografía de la cinta, muy lograda), de objetificar a mujeres directamente sacadas de las pasarelas (la particular fantasía del director, si revisamos toda sus obras anteriores) y de dar rienda suelta a su patriotismo galopante y a su inenarrable sentido del humor.

Pero todo eso cambia a partir del minuto 80 de metraje. A partir de ahí, se da paso a una cojonuda (a todos los niveles) cinta de ciencia ficción apocalíptica a la que sucede una cinta de aventuras clásica (chico supera obstáculos para salvar a chica) mezclada con una película bélica en estado puro. Bajas civiles por doquier, edificios arrasados, desesperación, sensación permanente de riesgo y de avance... ¡Es la película de 'Transformers' que llevaba años queriendo ver y que esta tercera entrega tendría que haber sido desde el primer minuto! Michael Bay demuestra, no solo que controla el 3D como la palma de su mano (es el mejor 3D que se ha llevado a cabo desde 'Avatar'), sino que en lo que a rodar acción estruendosa y mastondótica es un maestro.

Es por ello que no sé qué valoración darle a este final de saga: los defectos que tiene son muy visibles y obvios (gags ineficaces cuando no estúpidos, una duración a todas luces excesiva, escenas enteras que pudieron ser suprimidas, el desaprovechamiento de una trama jugosa, una BSO que llega a permitirse plagiar el tema 'Mind Heist' del trailer de 'Origen'...), pero sus contados aunque eficaces e inesperados giros de guión y su última hora la hacen resurgir de sus cenizas cual ave fénix. Por eso mismo, la recomiendo tanto a quienes no exijan demasiado a una cinta palomitera como a quienes estén dispuestos a perdonarle una primera hora mierdosa y cutresca a cambio de un clímax inolvidable.

Eso sí, sigue pareciéndome un retroceso cualitativo después de que, en verano de 2010, tuviéramos el placer de disfrutar de blockbusters como 'Toy Story 3' y de 'Origen'. Habrá que esperar a 'Super 8', de J.J. Abrams (también producida por Spielberg), para quitarnos el amargo sabor de boca que dejan películas como esta 'Transformers: En el Lado Oscuro de La Luna' o 'Piratas del Caribe: En Mareas Misteriosas'.

Valoración: Mala-Mediocre durante su primera hora y media/Buena durante su última hora