viernes, 13 de febrero de 2009

"Watchmen" o cómo adaptar lo inadaptable


En primer lugar, pido disculpas por mi prolongada ausencia, debida en gran parte al estreno de mi primer largometraje, "El Deseo Final". Metido como estoy en la campaña de distribución (de la cual me gustaría hablar en un futuro artículo de este blog), no encuentro tiempo suficiente para mantener al día esta bitácora. Pero, a modo de compensación, escribo una exhaustiva crítica para la adaptación cinematográfica de la que se considera la mejor novela gráfica de la historia: "Watchmen", de Alan Moore (quien por cierto, se ha desvinculado completamente de esta cinta, hasta el punto de pedir la retirada de su nombre de los créditos) y Dave Gibbons.

El título de este artículo versa "Cómo adaptar lo inadaptable". Y es que adaptar "Watchmen" al cine, al menos respetando todos y cada uno de los recursos narrativos que emplearon Moore y Gibbons, es una tarea de entrada imposible. Lo que hace de "Watchmen" un mito del noveno arte es, aparte de sus múltiples capas y niveles de interpretación (que van desde una reflexión sobre la ética del poder, la condición humana, la existencia o no-existencia de Dios y las diversas concepciones de autoridad que existen en el mundo, hasta una variante del test psicológico de Rorschach -que precisamente da nombre a uno de los protagonistas de la narración-), la aplicación de recursos narrativos más propios del lenguaje cinematográfico que de un cómic.

En vista de esto, solo podía hacerse esta película aceptando previamente dos condiciones imprescindibles: que la persona que llevase a cabo este proyecto profesase un amor incondicional por el material de origen (lo cual garantizaría un gran respeto y fidelidad hacia la obra en la que se basa) y aceptar de antemano que cine y literatura gráfica son códigos distintos (con lo cual, hay que hacer cambios necesarios por el bien de la propia cinta). El primer factor [la persona que llevase a cabo el proyecto] ha recaído en manos de uno de los cineastas que menos cabía imaginar al mando de este proyecto: Zack Snyder, director harto conocido por su afán de esteticismo (no en vano es el artífice de "Amanecer de los Muertos" y "300"). ¿Iba, pues, Snyder a renunciar a su afición a los recursos estéticos con el fin de reflejar la sobriedad visual del cómic en la gran pantalla? La respuesta en este caso, después de ver el film, queda bastante clara: sí, pero solamente a medias.

Y es que mientras que la novela gráfica buscaba encarecida y desesperadamente alejarse de la estética convencional presente en los cómics de superhéroes, la película crea su propio ritmo narrativo, muy cercano y al mismo tiempo distinto al que le dieran Moore y Gibbons a su creación, y por supuesto, más propio (si cabe) de un relato cinematográfico. Si en el cómic se evitaban poses y viñetas pictóricamente diseñadas (engañosa austeriedad, puesto que tras esta aparente sobriedad se esconde un trazo maestro y una narrativa visual perfectamente ensamblada, como pocas veces se ha visto), Snyder, usando su adorada cámara ralentizada (que ya empleara, con distinto resultado, en "300"), se rinde ante el poder de la estampa, hasta el punto de renunciar a la sobriedad (mis disculpas por repetir tanto esta palabra) del material original para elevar la obra a toda una experiencia cinematográfica.

"Watchmen", por tanto, ha de ser vista no tanto como película si no como experiencia. Es de esos filmes únicos, imprescindibles de ver en una pantalla grande, necesarios para comprender la evolución, el constante e imparable proceso de cambio que está experimentando el séptimo arte, actualmente más cerca que nunca del cómic. Me pregunto qué diría Chaplin de haber llegado a ver de qué manera ha evolucionado el séptimo arte [puesto que en su día fue uno de los teóricos que afirmó la necesaria conexión entre fotogramas y viñetas, en tanto que el cine aprendió mucho de los cómics en temas de continuidad visual y fluidez narrativa], hasta el punto de que uno ha absorbido formas de narrativa y recursos visuales del otro, y viceversa.

Pero, dejando de lado análisis meramente teóricos y centrándonos en la película en términos estrictamente cinematográficos, lo que nos queda es un filme que trasciende su propia condición de blockbuster para confirmarse
como obra reflexiva y filosófica. Maravillosa adaptación donde las haya, el "Watchmen" de Snyder es tan bueno como podría ser y más, puesto que, en mi modesta opinión, en algunos aspectos mejora ciertas taras que la obra de Moore y Gibbons presentaba, ofreciendo necesarios cambios que van desde un nuevo (y más coherente y mejor explicado) desenlace [que aún así respeta íntegramente el pesimista mensaje último de la novela gráfica y los mejores momentos de ésta], hasta el mero hecho de presentar a los Minutemen (el grupo de justicieros enmascarados que precedió a los Watchmen) y a ciertos Watchmen (o mejor dicho, Vigilantes) en unos prodigiosos títulos de crédito, al ritmo de "Times are changing" de Bob Dylan.

Y es que la forma en que Snyder lleva al extremo el concepto "ucronía" sobre el que giraba el cómic es poco menos que remarcable, convirtiendo a los vigilantes en un fenómeno cultural: no es casual que Andy Warhol retrate (cual Marilyn Monroe) a Buho Nocturno II, o que Anne Leibovitz fotografíe durante una entrevista a Adrian Veidt (más conocido como Ozymandias), ambos detalles que en el cómic no aparecían. Snyder no solo es un tipo listo, si no que además profesa un amor incondicional hacia el material originario (de hecho, el bueno de Zack no quería hacer la película en un principio, pero viendo que se haría con o sin él, y temiendo que un cineasta menos enamorado del cómic llevase a cabo el proyecto, aceptó) y, lo que es mejor, conoce perfectamente. Ello nos lleva a que, de cara a conseguir una cinta atractiva tanto para el gran público como para los admiradores de la obra gráfica, ha sabido quedarse con lo esencial y extraer la paja.

Las escenas de acción que crearan Moore y Gibbons han sido alargadas (obviamente, como una imposición de las productoras para hacer más espectacular el filme), pero, sorprendentemente [dada la lamentable tendencia a infantilizar el cine], éstas contienen elevadas dosis de violencia, resultando más desagradables de lo que cabría pensar en una superproducción de este calibre. También tenemos un efectivo trabajo de fotografía de Larry Fong (pese que a no acaba de aprovechar todo el potencial que ofrece la parte que transcurre en la Fortaleza del Dr. Manhattan, en Marte), una cumplidora banda sonora de Tyler Bates (aunque lo mejor en el apartado musical, sin lugar a dudas, son las canciones que incorpora Snyder, que van desde "Sound of Silence" de Simon & Garfunkel hasta "Prophecies" y "Pruit Igoe" de Philip Glass), y un correcto trabajo por parte del reparto (mención especial para Jackie Earlie Haley y Jeffrey Dean Morgan, que se comen la pantalla; y también para Malin Akerman, pero en este caso por su anticarismática interpretación -únicamente disimulada por su belleza-). A modo de apunte: un 10 para la directora de Casting Kristy Carlson, por haber conseguido actores (tanto principales como secundarios) tan parecidos a los personajes de la novela gráfica.


¿Defectos? Sí, los tiene. En primer lugar, el filme de Snyder padece de una cierta arritmia en su primer tramo. Contrariamente a lo que pudiera parecer, esta (ligera) arritmia viene más dada por la falta de minutos que por sobra de ellos, puesto que se nos explican muchas cosas en poco tiempo, pero no tenemos la suficiente información (eso, si no hemos leído previamente el cómic) para identificarnos plenamente con los personajes. La síntesis que tan bien funciona en el segundo tramo del filme puede suponer un distanciamiento de la narración para algunos.

También podría achacarle, como crítica puramente personal y subjetiva, que al espectacularizar los momentos de acción [que en el cómic eran sucios, cortos y realistas, precisamente en un deliberado intento de no banalizar el relato], pierde una parte de la esencia de aquello que quiere contar, por no decir que dichos momentos resultan incoherentes con el tono desencantado, oscuro y pesimista que se nos transmite a lo largo de la cinta.
Pero son minucias, críticas menores que no empañan el resultado final. Zack Snyder ha conseguido callar a aquellos que le tachaban de loco, y les ha demostrado que la obra de Moore y Gibbons no era tan inadaptable como los fanboys (y el propio Alana Moore, quien, al margen de su incuestionable talento, adolece de un grave caso de egocentrismo) pretendían hacer creer al mundo.

Quizás sea verdad que Snyder solamente es tan bueno como el material que le dan (lo cual justificaría la abismal diferencia cualitativa entre esta película y sus anteriores largometrajes), y desde luego no se puede afirmar que sea, tal como nos vendió la campaña publicitaria, un "visionario director", pero no me cabe la menor duda de que ésta es su Opus magna, y desde ya una de las mejores películas de 2009. El tiempo (y la versión extendida, complementada con el DVD de "
Relatos del Navío Negro") la pondrá en su justo lugar.