domingo, 24 de enero de 2010

"Sherlock Holmes"


Al son de la partitura de Hans Zimmer (compositor de cintas tan dispares como "La Roca", "Piratas del Caribe: En el fin del Mundo", "Mejor imposible" y "El Rey León", entre muchas otras) y tras una muy trabajada (tanto en lo estético como en lo conceptual) presentación de logos de las productoras de este film que nos ocupa, pasamos a ver un carruaje recorriendo las calles de Londres, oscurecidas por la noche, en el que viajan el Inspector Lestrade y el Doctor John Watson (¿Ya empiezan a sonaros los nombres?), cara a cara y armándose para una redada. Una misteriosa figura masculina persigue el carruaje a pie, corriendo a toda velocidad, hasta que llega a un portal y se infiltra dentro.

Así comienza el "Sherlock Holmes" que nos ofrecen Guy Ritchie (autor de joyas como "Lock & Stock" y "Snatch: Cerdos y Diamantes", aunque también de basura como "Barridos por la marea" o "Revolver", ambas dirigidas durante su etapa matrimonial con Madonna) y el productor Joel Silver. Aunque el trailer indicaba a las claras que se trataría de una revisión gamberra del mítico personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle (e incluso invitaba a presagiar que tendría toques de "Arma Letal" y "Piratas del Caribe"), que no se rasguen aún las vestiduras los seguidores acérrimos del mejor detective de la historia de la humanidad: esta película es, sin duda alguna, la versión, en esencia, más cercana y fiel al personaje tal como lo concibió su autor (pese a estar más inspirada en el cómic de Lionel Wigram que en la obra de Conan Doyle, en el terreno argumental).

Para empezar, aunque Robert Downey Jr. no encaja con la descripción que Watson, en las novelas, da del personaje (hombre alto y delgaducho de nariz aguileña y mirada apagada), sin duda alguna se mete en la piel de Holmes y nos ofrece otra interpretación de bandera. Para aquellos que en "Iron Man" le encontramos un tanto apático y desaprovechado, Downey Jr. nos ofrece una compensación en forma de personaje excéntrico y socialmente inepto pero al mismo tiempo brillante, reflejando con exactitud la mentalidad y el proceso deductivo racional del detective en todo momento. Su contrapunto, como es de prever, es John Watson, retratado mucho más fielmente en esta última versión cinematográfica (en las obras de Conan Doyle, Watson no es un hombre mayor con sobrepeso, sino un veterano condecorado de la guerra de Crimea, con ciertas habilidades para el combate y una vida social -especialmente en el terreno femenino- más que destacable) que en el cánon establecido a lo largo de los años para su personaje. Dicho personaje es interpretado con sorprendente solvencia y energía por Jude Law, estableciéndose entre ambos actores/personajes una excelente relación de amistad y afecto mutuo contenido. Ver a ambos actores en acción, recibiendo tanta cancha como Ritchie y el guión acceden a darles, y lanzándose directas e indirectas diálogo sí y diálogo también es todo un espectáculo y un aliciente para pagar la entrada.

Dicho esto, lo que nos queda es una muy entretenida película de misterio (así pues, el trailer anteriormente mencionado se revela como engañoso después de ver la película) con algunas escenas de acción que ni interrumpen ni empantanan la trama, sino que, contrariamente a lo que se podía esperar y gracias a un guión bien definido y a un montaje más que eficaz, precisamente ayudan a que la historia continúe desarrollándose. Nada memorable, pero un entretenimiento de primera en conjunto, ayudado por una vistosa fotografía del maestro Philippe Rousselot, una perfecta labor de dirección por parte de Ritchie (sobrio y contenido durante gran parte del metraje, pero en ocasiones, sabiamente desatado para reforzar aquello que se nos está contando, como por ejemplo en los momentos en que Holmes decide qué estrategia de ataque utilizar), un diseño de producción ejemplar en cuanto a ambientación y unos efectos especiales muy convincentes. A todo esto hay que sumarle unos espectaculares títulos de créditos finales, toda una delicia para ver en la gran pantalla, y la aparición estelar, entre sombras, de un personaje clave en el universo Holmes.

Como handicaps, se podría decir que a este film le falta un villano de enjundia (pese a estar correctamente interpretado por Mark Strong, Lord Blackwood nunca llega a despuntar como enemigo de Holmes, y su plan maestro es un tanto cogido por los pelos), que Rachel McAdams nunca llega a convencer como Irene Adler (no refleja la audacia ni la dureza del personaje, resultando en conjunto una actriz demasiado blandita para dicho papel), cierta lentitud en determinados pasajes (puede que sea algo meramente personal, pero considero que con diez o quince minutos menos esta cinta hubiese funcionado igual de bien o mejor) y que la banda sonora de Zimmer, pese a ajustarse como un guante a las imágenes, no acaba de estar a la altura de lo que este compositor nos ha regalado en otras obras.

Con todo, son defectos menores en un blockbuster de los que merece la pena pagar por ver. No es una gran película, ni mucho menos, pero funciona a las mil maravillas tanto como adaptación de la obra de Conan Doyle (pese a tomarse ciertas licencias, como el hecho de que Watson ya conozca a su prometida Mary Morstan, incluso contiene referencias y guiños a relatos como "Escándalo en Bohemia") como sanísimo entretenimiento previo a las películas "oscarizables" ("Invictus", "Nine", "Up in the Air"...).

En resumen, tal como ya hiciese anteriormente, Ritchie nos lleva de nuevo a lo más sucio y peligroso de las calles londinenses, y el viaje merece la pena.

Puntuación de la película: 7,5/10

Puntuación de la BSO (Hans Zimmer): 7/10