sábado, 11 de junio de 2011

Cuando el pueblo habla, el poder golpea

Fotografía tomada en Plaça Catalunya el pasado 27-M.

En primer lugar, quisiera disculparme por dos motivos:

1. Por dificultades técnicas (hablando en plata, por no disponer del equipo técnico necesario) falté a mi promesa de "Un Podcast por mes", quedando vacante el Podcast "Noche de Radio" correspondiente al mes de mayo. Aún así, ya estoy en preparación para el Podcast de junio, que analizará y comparará entre si películas tan distintas como "Thor", "Piratas del Caribe: En Mareas Misteriosas" y "X-Men: Primera Generación".

2. Debido a compromisos personales, trabajos pendientes y exámenes universitarios no he tenido nada de tiempo libre para actualizar este blog.

Una vez aclarados ambos puntos, me gustaría reflexionar sobre la creciente oleada de disconformismo y de descontento social que se está generando. Y es que, ante el fracaso de las elecciones municipales a la hora de establecer un cambio real en el reparto de poderes de la partidocracia española actual (vamos, que el abstencionismo y el voto en blanco ha tenido tanto efecto como intentar apagar una llamarada con gasolina) y el evidente ascenso de la derecha en dichas elecciones (ascenso que demuestra que votamos instintivamente, es decir, votando a unos cuando los otros nos fallan y viceversa, en vez de racionalmente), se avecina una etapa de recortes y de miseria social como hacía décadas que no presenciábamos.

La izquierda ha despilfarrado y la derecha nos lo hará pagar, así de simple y así de crudo. Los ciudadanos hemos de seguir sosteniendo lo insostenible y debemos continuar pagando los platos rotos de una gestión ineficaz por parte de políticos a los que no se les ha atado bastante en corto. Mientras tanto, aumentan los decretazos y continúa la lucha de las grandes empresas (cada vez más poderosas en lo que se está convirtiendo en un despiadado oligopolio corporativo) por hacerse dueñas del sistema político y amoldarlo a su imagen y semejanza, siempre recortando plantilla, gastos y derechos laborales.

Y cuando el pueblo, harto e indignado, sale a la calle a protestar e intenta ejercer un poco de presión como buenamente puede, sucede algo que nos confirma lo que todos temíamos: la democracia que creemos disfrutar no es más que una quimera y que quien ostente el poder lo retendrá a golpe de porra y de decretazo. No en vano, Felip Puig (actual Consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya) ha justificado lo injustificable argumentando que se trataba de medidas de limpieza y que los manifestantes agredieron e hirieron a algunos Mossos d'Esquadra:





Dejadme que os diga algo: estuve ahí, y no se produjo la agresión por parte de los manifestantes que Puig argumentó. Los manifestantes increpaban a los Mossos y cantaban consignas, pero no ocurrió nada que justificase una agresión realizada con alevosía como la que se produjo. Si el desalojo fue a golpe de porra y a disparo de balas de goma es porque las órdenes de los Mossos eran simples: desalojar a cualquier precio. ¿Y las motivaciones? Disponer de la Plaça Catalunya para instalar un monitor gigante de cara a la retransmisión del Barça-Manchester United. Panem et circenses, sin lugar a dudas, pero la jugada les salió peor de lo que esperaban, dado que, tal como pude presenciar, la agresión de las fuerzas de la Ley solamente logró que, por la tarde, dicha plaza se llenase hasta los topes de una procesión de personas hastiadas y dispuestas a protestar.

No cederemos por mucho que nos golpeen, eso es algo que el poder debería saber de nosotros antes de atacar a lo bruto. Por mucho que deseen hacernos retroceder a la era de los grises, esos tiempos ya han pasado y es demasiado tarde para pretender que un simple partido de fútbol o unas porras nos hagan olvidar lo mal que lo estamos pasando y nuestras ganas de cambiarlo todo a mejor. El Movimiento 15-M ha perdido fuerza a pasos agigantados en las últimas semanas, sí, y algunos lo utilizan como excusa para instalarse por la cara en plazas céntricas o pretender llenar carros de comida sin pagar, pero esto solo ha sido la punta del Iceberg: conforme la crispación popular aumente (y aumentará), irán sucediendo acontecimientos que podrán en tela de juicio el poder de quienes están arriba y de quienes manejan las armas. No lo digo a modo de amenaza, sino a modo de predicción (por así llamarlo): aunque sé que es utópico, es necesario un consenso real entre política y votantes, y también una armonización (aunque conlleve pérdidas de beneficios, pero es un riesgo asumible y necesario según las leyes del capitalismo) entre precios y gastos de producción (salarios y plantilla), o de lo contrario este círculo irá expandiéndose hasta explotar.