lunes, 9 de julio de 2012

El público es la clave


¡Muy buenas!

Hace unos días, publiqué una entrada acerca de la gran acogida que tuvo 'El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace' en su primer pase al público. ¿En torno a qué giraba realmente la noticia? En cierta manera, el centro de atención era la propia película, pero en verdad lo que le daba sentido al artículo fue, ni más ni menos, que la reacción de la audiencia ante el film y aquello que tenía para ofrecerles durante sus 164 minutos de duración.

Tras pensarlo detenidamente, he decidido escribir este nuevo post para compartir mi punto de vista acerca del público y de cuánto aporta a una obra cinematográfica. Y es que, a mi parecer, el público es la clave de una película. Bien es cierto que cada autor plantea sus películas a su manera: algunos/as cineastas crean filmes para alimentar sus propios deseos o bien para plantear cuestiones que les fascinan e incluso para combatir contra sus propios demonios internos, otros simplemente se venden al mejor postor y realizan películas pensadas para el gran público sin pensar más allá de lo puramente formal, y luego está la tercera vía que viene configurada por cineastas que intentan combinar sin fisuras lo personal y lo comercial.

Sin embargo, el público siempre está ahí, y siempre es el mismo: dividida entre inabarcables diferencias  personales, sociales y culturales, la audiencia es el último y máximo juez que valora la obra en sí. Y al público no se le puede engañar: detecta enseguida a los malos actores o las interpretaciones carentes de verdad, así como los efectos especiales mal acabados y, en definitiva, las películas de usar y tirar (de esas que, parafraseando a un buen amigo, "se ven y se olvidan"). Asimismo, también saben cuando una película, sea redonda o no, tiene algo especial para ofrecerles. Y lo valoran.

Para mi, el contacto con el público tras una proyección de mis trabajos es algo parecido a una terapia de choque. A fin de cuentas, me he pasado meses trabajando en algo tan personal como es un cortometraje (sin contar los casi dos años que dediqué a mi primer largometraje, 'El Deseo Final') y mi perspectiva está condicionada por el excesivo cariño que he desarrollado por esa obra en particular. Este aprecio solo tiene comparación con el terror a que, en una proyección, la respuesta del público sea desfavorable o pésima. Sin embargo, conforme han pasado los años y he ido creando trabajos gradualmente mejores (aunque todavía me siento muy lejos de la clase de película que me gustaría crear algún día), la respuesta del público se ha hecho más y más positiva. Sin duda alguna, es algo maravilloso recibir una respuesta favorable por parte de los espectadores; no me refiero solamente al aplauso de rigor (más o menos intenso en función de cuánto les haya gustado aquello que les has ofrecido), sino sobretodo a la posterior conversación personal con ellos, en la que descubres sorprendido que han valorado tu esfuerzo y que han comprendido todo aquello que la obra intentaba transmitir y reflejar.



Mi experiencia más positiva con el público, hasta la fecha, se produjo el pasado verano con el estreno de 'La Luz', el cortometraje que dirigí a medias con Jonatan Jiménez. Supongo que no es casual que escriba esta entrada justamente hoy, lunes día 9 de julio de 2012: hace exactamente un año que se produjo el estreno oficial del cortometraje (y no, no he posteado esta entrada justamente hoy de forma consciente, podríamos llamarlo "serendipia"). De cualquier forma, digo que es la mejor experiencia que he tenido con el público porque es el cortometraje más serio que he realizado en toda mi corta trayectoria, en el que más aposté y en el que más creía; también fue en el que más miedo sentí, sobretodo cuando al terminar el cortometraje hubo un breve instante de silencio en el que nadie aplaudió y en el que sentí que definitivamente había fracasado. Pero fue un espejismo: el aplauso que vino después fue largo y sentido, y al hablar con los asistentes a ambas proyecciones (Barcelona y Reus) pude comprobar que realmente les había gustado, que habían sentido algo al verlo y que, cada uno a su manera, comprendían todos los simbolismos y mensajes que guarda el metraje. Incluso hubo quien interpretó a su manera el mensaje y el propio corto, lo que en mi opinión es de las mejores cosas que le puede pasar a un creador, ya que denota un esfuerzo y una voluntad por parte de ese espectador que se atreva a crear su propia historia a partir de lo que ha visionado.

Por tanto, ¿qué es el público? Resumiendo, afirmaría que el público es juez y jurado, un factor de riesgo y al mismo tiempo un bote salvavidas para el creador y, en definitiva, la última etapa de la creación de una obra cinematográfica. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tendría crear cine si no hubiese nadie para verlo?