viernes, 25 de diciembre de 2009

La digitalización del cine: la nueva era del séptimo arte

En este artículo me gustaría reflexionar, en plenas Navidades y antes de dar por concluido este año 2009, acerca del imparable proceso de digitalización del cine, aplicado tanto a la realización como a la distribución y difusión de contenidos.

Todo comenzó en 2002. Con unos claros antecedentes que comenzaron en la década de los 90 (década en que los tradicionales efectos ópticos sobreimpresos sobre el celuloide fueron sustituidos por efectos digitalizados, siendo "Matrix", en 1999, toda una revolución en este apartado), el cineasta George Lucas marcó un antes y un después en la Historia del Cine con "Star Wars Episodio II: El Ataque de los Clones". Oficialmente, se trata de la primera película rodada enteramente en formato digital (con cámaras que Sony desarrolló específicamente para cine, las cuales grababan en cintas de alta definición que se podían volcar directamente en discos duros), lo cual, al margen de su calidad cinematográfica, la convierte en todo un hito en el séptimo arte.



Desde entonces dicha tecnología no ha dejado de evolucionar, no solo orientándose hacia el ámbito puramente profesional del cine, sino también derivando en una democratización casi total de este arte. No en vano, hace quince escasos años, rodar una película podía suponer un gasto económico prohibitivo, incluso a nivel amateur. Los rollos de celuloide (o cintas), el coste de edición y de revelado de la película... Solo este factor ya podía lograr que un rodaje se encareciera notablemente. La digitalización de las cámaras y de los procesos de edición han comportado una fiebre que se ha ido extendiendo y fortaleciendo a lo largo de la segunda mitad de esta última década, especialmente desde que, precisamente en 2005, fuese creada la plataforma YouTube (que dio paso a diversas competidoras, como Megavideo, Vimeo, DailyMotion...).

Así surgió la democratización del cine: un proceso que antes hubiese costado cientos (o miles) de euros, hoy en día puede hacerse por una mínima cantidad de dinero, o, directamente, sin coste alguno. Ello es posible gracias a las posibilidades que ofrece la tecnología digital aplicada al sector de las artes audiovisuales: se puede llevar a cabo un rodaje entero con una cámara digital de disco duro interno (las cuales ahorran un considerable dispendio en cintas MiniDV), editar todo el material con un ordenador y un disco duro externo (es recomendable disponer de uno), y, posteriormente, difundirlo mediante plataformas gratuitas de distribución de contenidos online (como las anteriormente mencionadas). Esta es la era del cine self-made, en la que surgen grandes artistas de los lugares más recónditos.

Un ejemplo: el uruguayo Federico Álvarez dirigió, por solo 300 dólares, un cortometraje de cinco minutos titulado "Ataque de Pánico", para el que convocó a medio centenar de extras y que combina acción rodada en imagen real con excelentes efectos digitales y modelos 3D. Lo sube a YouTube. En un momento dado, el cineasta Sam Raimi (director de las sagas "Evil Dead" y "Spider-Man", y de películas como "Arrástrame al Infierno") lo ve y queda realmente impresionado. Acto seguido, a Álvarez se le ofrece hacer una película a partir del argumento de su cortometraje, y, además de darle total libertad creativa a la hora de escribir el guión, se le pagará un sueldo de un millón de dólares y se le dará un presupuesto de 30 millones para hacerla realidad.

Como dijo Anton Ego en la maravillosa "Ratatouille": No todo el mundo puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier parte.

Ya para acabar esta pequeña reflexión sobre el peso que han pasado a tener los procesos digitales en el cine (aplicables también a la música, a la literatura e incluso a la pintura), me gustaría mostraros de qué manera las posibilidades que ofrece dicha digitalización afectó (mejor dicho, ayudó) a la realización de mi ansiado primer largometraje, "El Deseo Final". Se trata de una película que, con sus más y sus menos, resultó harto larga y compleja de rodar, y el proceso de edición no estuvo exento de complicaciones. Sin embargo, un rodaje y postproducción que, diez años atrás, me hubiesen costado miles de euros (no exagero, pese a que pueda parecerlo), con la tecnología actual fueron posibles de llevar a la práctica con poco más de 1000 euros (la inmensa mayoría destinados a pagar dietas a los actores), y con dicha tecnología obtuve un resultado muy cercano a la idea que tenía en mi cabeza sobre la película, especialmente en el apartado de fotografía y de efectos digitales. (Aprovecho la ocasión para hacerme algo de publicidad, de modo que aquí tenéis el trailer)

Para muestra, aquí os dejo una comparativa entre la imagen tal como se rodó (formato 1:85) y la película ya en DVD (formato cinematográfico, auténtico 2:35).