viernes, 14 de octubre de 2011

La película por la que nadie daba un duro


Todavía recuerdo cuando se confirmó que el polifacético y talentoso actor australiano (aunque afincadísimo en Hollywood) Hugh Jackman, a quien quizás recordaréis de películas como 'X-Men' o 'El Truco Final: El Prestigio', protagonizaría una película de boxeo en la que los personajes principales son robots luchadores animados en 3D por ordenador: multitud de comentarios negativos comenzaron a proliferar por la red acerca de la premisa (bastante sobada debido al enorme éxito de cintas como 'Rocky', 'Gladiador' o 'Cinderella Man') y por el rumbo comercialoide y familiar que estaba dando Jackman a su trayectoria, comentarios que se acrecentaron al saber que sería Walt Disney la que produciría este film y que lo dirigiría Shawn Levy, un cineasta con un currículum no demasiado prometedor (haber dirigido 'Doce en Casa' y 'La Pantera Rosa' no es precisamente una garantía de calidad o de talento cinematográfico).

Sin embargo, meses después y ya habiéndose estrenado en Estados Unidos, parece ser que 'Real Steel' (que llegará a nuestras pantallas bajo el título de 'Acero Puro'), la película por la que nadie daba un duro, ha resultado ser un éxito de taquilla y también una cinta (permítaseme el "chiste") sólida como el acero. Con un 7,5 en IMDB (por ahora, ya que las notas suelen bajar con el tiempo), buenas críticas por parte de eruditos y de público en general y unas cifras de taquilla solventes, parece ser que Jackman y Levy han hecho un buen equipo y han conseguido pergeñar el mejor trabajo del cineasta (tampoco lo tenía muy complicado, todo hay que decirlo) y un entretenimiento de los que dejan al público satisfecho y emocionado ante la historia que acaba de contemplar.




Realmente, no es tan extraño: las historias deportivas y de superación personal siempre consiguen tocar la fibra sensible al gran público (la crítica suele, sin embargo, tener un corazón a prueba de este tipo de historias con moraleja/moralina), y si a esto se le suma un reparto solvente encabezado por un intérprete carismático que siempre logra salvar el material con el que trabaja y llevar sobre sus hombros cualquier historia (de largo, Jackman era lo mejor de la bodriosa y catastrófica 'X-Men Orígenes: Lobezno') y con secundarios como la cotizada Evangeline Lily (a quien vimos en 'Perdidos' y que próximamente aparecerá en 'El Hobbit' de Peter Jackson), un guión funcional que sabe qué teclas tocar para sacar una lagrimilla a los espectadores, unos efectos especiales de bandera (perfecta muestra de hasta qué punto da de sí la captura de movimiento y la creación infográfica de personajes virtuales) y una logradísima banda sonora del genial compositor Danny Elfman (conocido por ser el músico fetiche de Tim Burton pero también por las bandas sonoras de cintas como 'Spider-Man', 'Mi Nombre es Milk', 'La Sombra del Reino' o 'Hulk') de la que os dejo una muestra aquí:



Dado que el subgénero deportivo y de superación personal siempre consigue emocionarme y que me como con patatas casi todos los filmes que aparecen ubicados en dicho subgénero (a todo esto, reivindico 'Invictus' como una cinta pacifista y positivista sencillamente cojonuda, rodada con pulso maestro y con escenas tan brillantes como ésta), estaré como un pepe plantado en el cine el día del estreno de 'Acero Puro'. Mientras tanto, os invito a reflexionar sobre si resulta justo condenar una película nada más escuchar la sinopsis o el nombramiento de un determinado intérprete como protagonista. Recordemos que los mismos que dijeron que Heath Ledger sería un Joker patético o que la película sobre Facebook iba a ser un mojón están todavía en proceso de digestión de las palabras que tuvieron que comerse. Una cosa es basarse en un trailer, en distintas muestras previas o en críticas para formarse una opinión sobre una película antes de su estreno (por ejemplo, 'Capitán Trueno y el Santo Grial' olía a chamusquina desde hace tiempo, y tras su estreno dicho olor no ha hecho más que confirmarse y consolidarse) y otra muy distinta no dar ni un voto de confianza a una cinta solamente porque tenga una premisa aparentemente floja.