martes, 2 de diciembre de 2008

El paro, por las nubes


Considerando las cifras aportadas por el Ministerio de Trabajo, puede decirse que hemos registrado (y cito una expresión textual utilizada en el diario Libertad Digital) "el peor octubre de la historia democrática". Y es que los números son cuanto menos alarmantes: tal como nos cuentan en La Vanguardia, tras este funesto mes de octubre -deshonroso récord batido durante la poco afortunada administración Zapatero-, los Servicios de Empleo han registrado [durante el pasado mes de noviembre] 171.243 desempleados más [añadamos más, no vaya a ser que la colección decrezca]. Con semejante panorama por delante, ¿qué esperanzas podemos depositar en una economía dominada por las multinacionales, los bancos y demás peces gordos?

Enlace Sea como fuere, está demostrado que el sistema capitalista [que no deja de ser una renovación a marchas forzadas de la sociedad estamental, puesto que el rico sigue siendo rico y el pobre, pobre, y eso no cambia ni a tiros] funciona en tanto que quienes lo dominan no estiran el chicle hasta romperlo (¡Sí, amigos empresarios, los chicles pueden romperse!). No se puede forzar al trabajador medio a pedir créditos, hipotecas y demás "ayudas" financieras para pagar sus escasas posesiones sin que pase nada; no se puede conceder "hipotecas basura" (inventadas mucho antes de la administración Bush, contrariamente a lo que muchos erróneamente creen) sin que pase nada; tampoco puede el sistema dejar que las grandes empresas se lucren sin límite a costa de otros sin que la economía reviente. La avaricia rompió el saco, recuérdenlo. El crack del 29 nos lo demostró con creces.

Y en esta ocasión, el saco no solo se ha roto, si no que se ha desgajado hasta quedarse en un trozo de tela ajado. Ahora debemos tomar una decisión (cuando digo "debemos" me refiero sobretodo a la Unión Europea y demás instituciones dominantes): o bien lo remendamos de mala manera hasta que vuelva a desgarrarse [aún así, no se preocupen señores ricachones, ustedes como siempre estarán a salvo. O no...], o bien lo cambiamos por uno parecido pero nuevo, igualmente funcional y más grande [entiéndase más grande por más equitativo: a más espacio, más cabemos, que no es cuestión que siempre sea el trabajador medio el que tenga que asfixiarse]. Ustedes deciden, pero recuerden que todo lo que hagan acabará afectando a los pobres. Y los ricos también pueden acabar en la pobreza. Mejor será que no lo olviden.