sábado, 13 de diciembre de 2008

La crisis no solo afecta al dinero, si no también a las ideas


Mucho nos bombardean [no solo en España, si no en todo el mundo] con la crisis económica, pero ¿acaso alguien nos advierte sobre los devastadores efectos que está padeciendo la creatividad de los guionistas de cine?
Este año 2008 nos hemos encontrado con infinidad de películas refrito y adaptaciones varias, nacidas básicamente, o bien por una falta acuciante de ideas, o bien por el amor que sus perpetradores (productores) profesan hacia el Poderoso Caballero Don Dinero: Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, Iron Man, El Increíble Hulk, 007: Quantum Of Solace, The Eye, Reflejos (Mirrors), The Women... Al margen de la calidad que respectivamente puedan tener dichas películas, es de perogrullo cuanto menos reconocer que han sido escritas con el piloto automático encendido por gente más o menos talentosa, que indudablemente podría haber dado más de si con un poco más de margen creativo y más esfuerzo a la hora de exprimir las neuronas.
De esta tendencia marco como excepción El Caballero Oscuro, una más que excelente [a todos los niveles] secuela de una magnífica cinta (Batman Begins) nacida desde el amor de un creador, Christopher Nolan, que llevó a cabo su particular cruzada por resucitar una franquicia de la cual la Warner Bros, desde el rotundo fracaso/"abominación digna de ser incinerada en una pira colectiva" de Batman & Robin, no quería ni oír hablar. Y es que cuando, como en este último caso, se hace algo con cariño, dedicación, y sobretodo, imaginación, el resultado siempre provoca un máximo estado de satisfacción al espectador. ¿Por qué? Sencillo: le hemos tratado bien, le hemos ofrecido un producto trabajado, algo con lo que identificarse, algo con lo que soñar, algo con alma, con vida propia; en definitiva, le hemos regalado emoción.
Emoción. La capacidad para emocionar. Eso se ha perdido en gran parte en la industria actual del séptimo arte, precisamente por convertirlo en una industria. Ahora se llevan los remakes innecesarios, las secuelas sin sentido (propongo desde ya que el Colegio de Médicos ofialice como pandemia mundial la secuelitis cinematográfica)... Todo está inventado, dirán algunos para justificar esta avalancha de películas sin originalidad alguna. Y yo me pregunto: ¿acaso no estaba todo inventado [en lo que a narrativa se refiere] hace cincuenta años? La diferencia la marca el esfuerzo invertido en reinventar viejos metatemas y fórmulas narrativas. De dicho esfuerzo han salido clásicos como Grupo Salvaje, Jungla de Cristal, En Busca del Arca Perdida, Encuentros en la Tercera Fase, Ultimátum a la Tierra... Precisamente es el remake de ésta última, dirigido por Scott Derrickson (cineasta al que creo capaz de mucho más, en esta ocasión atado por las rígidas cuerdas de la 20th Century Fox), el que me ha hecho reflexionar sobre esta importante cuestión.
¿Hasta qué punto es lógico copiar algo que ya funciona bien de por si? Recientemente he sabido que ¡Will Smith! está preparando un remake de Karate Kid, en el cual el protagonista será [¿Casualidad?] su hijo, Jaden Smith, que ha exigido que se suprima uno de los movimientos clave en la original como es "la patada de la grulla", y ha pedido a su padre que mande incorporar a la película movimientos que él ha ejecutado en videojuegos varios. Con semejantes criterios cinematográficos a la hora de "mejorar" cintas antiguas, ¿qué se puede esperar de las re-versiones (no confundir con reversiones)? Hablando del chavalín, por cierto, cabe decir que en esta Ultimátum a la Tierra ejerce el papel de "típico niño en película de ciencia ficción", resultando verdaderamente insoportable a lo largo del metraje [cabe preguntarse el motivo por el cual el alienígena Klaatu, interpretado con corrección por Keanu Reeves, es tan piadoso con el niño de marras.

Aparte del factor niñato, muchas son las cosas que fallan en este insulso remake, desde el pobre trabajo de guión, hasta una insípida interpretación por parte del reparto al completo [exceptuando los competentes trabajos de Reeves y Jennifer Connelly]. La justificación que los productores han dado a esta revisión del clásico dirigido por Robert Wise en 1951 es que "había que renovar el mensaje de la cinta original y sustituirlo por uno más actual". Y yo me pregunto, ya que el mensaje de esta nueva versión está relacionado con el maltrato que recibe por nuestra parte el ecosistema: ¿no hubiese sido más lógico crear una cinta totalmente nueva y original que hable sobre dicho tema y las consecuencias que traerá ignorarlo? Ah, claro, que esa cinta ya existe, y se llama El Incidente... Lo dicho, no solo la economía está en crisis, si no también la creatividad. ¿Señalamos culpables o nos dedicamos a solucionar poco a poco este problema? La decisión es nuestra.