miércoles, 7 de enero de 2009

"Hemos ganado una guerra, me siento eufórico"


Esta es una frase dicha por Fernando Sacristán, el padre de un menor que sufrió acoso escolar en el Colegio Suizo de Madrid. Según Sacristán, "a mi hijo los Reyes Magos le han regalado justicia y al Colegio, un camión de carbón negro".

La prueba fehaciente de dicho acoso fue un vídeo grabado con cámara de fotos por uno de los agresores, en el cual se ve cómo le propinan hasta veintiún golpes al chaval. De eso hace ya dos años, y, según su psicólogo, no conserva grandes secuelas. El padre añade que "se ha convertido en un chaval alto y ligón". El Colegio Suizo ha tenido que indemnizar a la famila con 30.000 euros por Daños Morales [puesto que el fallo de la Audiencia Provincial estableció un nexo causal entre el daño moral y "la falta de atención y vigilancia por parte del personal docente".

Repasemos esto con atención: ¿30.000 euros como multa para un colegio? ¿¡Y los padres de los acosadores!? ¿Dónde quedan en todo esto? Porque he leído la noticia de "pe" a "pa" varias veces y en varios medios y en ningún sitio he leído nada sobre los padres. Claro, ¿qué pueden aportar, económicamente hablando, los padres de semejantes joyas de niños, potenciales macarras de instituto? Aquí huele a intento de hacer dinero más que a esfuerzo por hacer justicia. ¿De qué le van a servir al muchacho esos 30.000 euros (dinero que presumiblemente ni llegará a tocar, puesto que quedará en manos de los padres)? ¿Acaso borrará el maltrato que sufrió por parte de sus compañeros y la abulia que hubo de aguantar por parte de sus profesores ante semejante situación? ¿Acaso ese dinero le hará olvidar la humillación de verse grabado en plena agresión, mientras se mofaban de él?

Esta noticia no tiene ni pies ni cabeza, por un motivo muy simple: nada cuadra. La sentencia es incoherente (¿Quién tiene más culpa, los padres de unos niños agresivos y descontrolados, o un colegio repleto de gente que no supo/pudo hacer nada al respecto?), puesto que lo que debería ser un castigo ejemplar pasa a ser un circo; los padres no han elegido al objetivo adecuado a la hora de denunciar el caso de su hijo, prefiriendo el dinero que pudiese aportarles el colegio a la satisfacción de darles una buena lección a los padres de los otros chicos (ojo, no cuestiono que lo hayan pasado mal viendo la situación en que se hallaba su hijo, ni muchísimo menos); y los progenitores de los agresores seguramente no vayan a hacer nada por remediar el reprobable comportamiento de sus hijos, sobretodo porque si son capaces de dejar ir a sus niñatos (¡De apenas once años!) con cámaras de fotos al colegio para que graben semejantes hechos como forma de diversión, es que hay algo que están haciendo muy, pero que muy mal.