martes, 13 de enero de 2009

Terminator 2: El Juicio Final -- La consagración de Cameron en el imaginario colectivo


Segundas partes nunca fueron buenas, dice el refrán. Pese a mi manifiesta oposición a los refranes [magnífica forma que tuvieron los poderosos en su día para mantener idiotizado al pueblo, de tal forma que todo lo redujeran a refranes del tipo "Más vale pájaro en mano que ciento volando" -dixit, más vale que te conformes con tu pobreza, trabajador, no vaya a ser que lo pierdas todo por rebelarte contra tus amos-], debo admitir que este en concreto, magnificado gracias a la patológica secuelitis aguda que aqueja al séptimo arte en los últimos tiempos, sí me parece un refrán con algo de verdad incorporada.

"48 horas más", "Los Padres de Él" [con el poco sutil título original "Meet the Fockers"], "Speed 2" [Dios nos libre de ésta...]... Hay centenares de ejemplos de secuelas poco agraciadas, que vendrían a ser la hermana fea de la primera entrega. Mas huelga decir que también hay agradables excepciones [como toda buena regla que se precie]: "El Imperio Contraataca", "Regreso al Futuro 2", "Indiana Jones y el Templo Maldito", "El Caballero Oscuro", "X-Men 2"... Curiosamente, James Cameron es uno de esos cineastas que, las pocas veces que rueda una secuela, es un filme o bien perfectamente equiparable al original, o bien netamente superior [si exceptuamos "Piraña 2", película que fue dirigida en mayor medida por la segunda unidad y por el productor, y el guión que escribió para "Rambo: Acorralado 2", cambiado hasta la última sílaba]. Ahí están "Aliens: El Regreso" [cinta que no supera pero tampoco desmerece en absoluto a la magistral "Alien: El Octavo Pasajero" de Ridley Scott, debido al tono que Cameron le dio a la secuela, totalmente distinto] y "Terminator 2: El Juicio Final" para demostrarlo con creces.

¿Cuál sería la mejor forma de realizar una secuela [nacida por una exigencia monetaria más que artística, todo hay que decirlo] para una película que ya tenía un desenlace cerrado? Muy sencillo: dándole la vuelta por completo al concepto, convirtiendo al T-800 asesino (Arnold Schwarzenegger) en el protagonista de la narración, transformándole en un Terminator protector. Luego, situemos la acción años después de su predescesora, convirtamos a Sarah Connor en una psicótica internada en un manicomio; pongamos a un John Connor (hijo que Sarah y Kyle Reese engendraron en la primera parte), no solo nacido, si no ya en plena y alterada etapa adolescente [convertido en un delincuente juvenil]; creemos a un nuevo villano, tan memorable como el T-800: el T-1000, que no solo es una burda imitación con otro rostro del T-800, si no que sus creadores [Cameron y su equipo] se estrujaron la sesera para darle características propias y novedosas; y suma y sigue.

Aderezar todas estas novedades con un buen guión, un ritmo constante (sin precipitarse ni caer en el frenetismo gratuito, o bien amodorrar la trama con escenas innecesariamente alargadas), una dirección magistral, más presupuesto que la anterior entrega, un reparto en perfecto estado interpretativo [incluyendo una joven estrella, Edward Furlong, que acabaría convertido en un estrellado], efectos visuales insuperables [la recreación del futuro apocalíptico y las transformaciones -efecto metal fundido incluido- del T-1000 son ya parte de la historia del cine, gracias a la magia obrada por Industrial Light & Magic], y obtendremos como resultado no solo una de las secuelas mejores y más completas de la historia del cine, si no un clásico inmediato de su género [en este caso y al contrario que la primera "Terminator", el género de acción en mayor medida que el de ciencia ficción], una segunda parte que no se limita a rehacer plano a plano su antescesora añadiendo más acción y estupidez, si no que profundiza en un universo apenas tanteado en dicha predescesora, y lo hace más grande, más profundo.

Una segunda parte que no solamente sí es buena, si no que sublima el original en que se basa, y lo inmortaliza, dejando la huella de su madre y la suya propia en el firmamento cinematográfico. Lástima que no pueda decirse lo mismo de "Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas". Pero eso, amigos, es carne para otro artículo. Mientras tanto, me despido con un Sayonara, baby.

2 comentarios:

Federico Szarfer Barenblit dijo...

Creo que te gustará este link: Qué pasaría si los carteles de las pelis fuesen más honestos?? http://www.holytaco.com/if-movie-posters-were-honest

David Hidalgo dijo...

Efectivamente Fede, un link muy interesante, gracias por tu aportación, opino que aunque lo de "White Whiny Women" sobraba, con el título de John Rambo y el de Bill Murray han acertado de lleno.