miércoles, 14 de enero de 2009

Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas -- Una trilogía mal culminada


Verano del año 2003: creímos que todo había terminado. Que, tal como dijo Sarah Connor, había lugar para mirar el futuro y afrontarlo con esperanza. No era el caso. La saga "Terminator" aún no había dicho su última palabra. Visto lo visto, ojalá lo hubiese hecho.

Porque lo que nos vino dado en 2003 no fue más que un burdo intento de hacer caja de forma fácil, contentando tanto a fans acérrimos que pedían una tercera entrega de la saga, como a espectadores palomiteros que únicamente aspiraran a ver un vulgar espectáculo repleto de explosiones y demás trucos de pirotecnia barata [narrativamente hablando], cosa que las dos entregas dirigidas por James Cameron nunca fueron.

Repasemos el panorama: Cameron, aproximadamente seis años después del bombazo nuclear "Titanic", no estaba precisamente por la labor de resucitar a sus retoños, hallándose como se hallaba en plena degustación de paté de jabugo y demás exquisiteces reservadas a los ricachones. En su nueva condición de todopoderoso dentro del séptimo arte, James decidió retirarse por un tiempo y relegarse a las tareas de producción, cargo dentro del cual produjo series como "Dark Angel" [el pistoletazo de salida de Jessica Alba, que marcó su entrada al estrellato]. Como director, se encargó de una serie de documentales en 3-D que abarcaban el mundo submarino, y participó como productor en otros tantos, como "The Lost Tomb Of Jesus". Dichos documentales sirven como curiosidad y están relativamente bien, no destacan en términos narrativos pero es de perogrullo admitir que la tecnología con que fueron rodados es digna de elogio.

Volvamos a "Terminator". La saga había llegado a un punto clave tras el desenlace de "El Juicio Final". Entonces, la decisión a tomar por parte de los productores era: ¿hacemos un refrito, intentando reproducir paso a paso lo realizado por Cameron, o bien intentamos algo nuevo y original, dándole un giro a la franquicia y finalizándola como es debido? Lamentablemente, optaron por lo primero: "Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas" es una copia tan descarada de "El Juicio Final" que parece escrita con una plantilla, lo cual es casi comprensible si tenemos en cuenta que detrás del libreto están John Brancato y Michael Ferris, autores del libreto de "The Game" [buena película, salvada casi en su totalidad por David Fincher y Michael Douglas, eso sí], pero también de guiones como "La Red" [alias "Sandra Bullock goes Hacker"] o "Catwoman" [el bodrio de Halle Berry, para más señas], lo cual no dice mucho en su favor. A esto sumémosle la sustitución del maestro Cameron por Jonathan Mostow, artesano simplemente competente pero sin atisbo de personalidad propia, la ausencia voluntaria de Linda Hamilton [con lo cual Sarah Connor es literalmente borrada del mapa] y la sustitución de Edward Furlong [por aquel entonces ya limpio en lo que a drogas se refiere] por Nick Stahl, y obtendremos el resultado: un descafeinado remake de "Terminator 2: El Juicio Final".

Ahora tenemos a una atractiva T-X [el nombre no es demasiado sutil, más teniendo en cuenta que sale con un vestido de Eva al inicio de la cinta], interpretada con cierta malévola convicción por Kristanna Loken, dispuesta a exterminar a todos los futuros líderes de la resistencia, incluyendo John Connor y Kate Brewster [Claire Danes, aún no sé cómo acabaste en esta cinta]. Con esta premisa, reaparece el T-800 [Schwarzenegger recauchutado para que parezca que sigue en 1992] y, de nuevo, se repite el esquema narrativo del "corre que te pillo" constante. Lamentablemente, donde Cameron añadía a lo ya visto una profundización en ciertos metatemas y la sublimación de un argumento y un género, Mostow solo añade rutina. Rutina espectacular, eso sí. Y es que todo ha ido a más: la destrucción, antes moderada y creíble, se ha convertido en una acumulación de escenas estruendosas [repletas de efectos digitales, cómo no] sin sentido alguno; lo que antes era una tensión creíble y palpable [la amenaza del Terminator malvado, vamos] ahora simplemente es una sucesión de secuencias de persecución, concatenadas con alguna que otra revelación sorpresiva y enlazadas entre si con la estructura de un videojuego [Next Stage].

Otro factor negativo a tener en cuenta: el humor. Se ha infantilizado en exceso la narración, añadiendo innecesarios gags en partes que no las necesitan, dando como resultado momentos que producen vergüenza ajena. Para muestra, un botón: el T-800 llega del futuro, desnudo, cómo no. Entra en un bar de carretera [igualito que en "El Juicio Final", seamos malpensados y dudemos de la creatividad de Brancato y Ferris], y, en lugar de pelear con unos huraños motoristas para conseguir la ropa de uno, se la pide a un stripper locaza que le evade con un gesto de su mano. Terminator le apreta la mano, causándole un dolor indecible al bailarín, y [aquí es cuando negamos con la cabeza, incrédulos] le pide la ropa a la mano. El chiste culmina cuando nuestro querido Governator sale del bar ataviado con ropa de cuero [curioso resulta que se ajuste a su cuerpo, teniendo en cuenta que el stripper gay era más bajito y mucho más delgado que Schwarzenegger] y se pone sus sempiternas gafas de sol. Un mito de nuestra infancia se nos cae al suelo cuando vemos que los lentes que se pone el robot son una horterada con forma de estrellitas.

Para rematar, la música de Marco Beltrami no hace uso en casi ningún momento del magnífico tema de Brad Fiedel [apareciendo este solamente durante los títulos de crédito finales], y el guión de Brancato y Ferris demuestra que dichos escritores no entienden la esencia de los personajes [reduciendo, entre otros errores garrafales, a John Connor a un drogadicto sin capacidad alguna de liderazgo]. Dicho todo esto, pudiera parecer que estoy crucificando esta película: ni mucho menos. Con todo, es una cinta entretenida, que hace gala de un buen ritmo y pulso narrativo [la labor de montaje es cuanto menos elogiable], buenos efectos especiales [ojalá la mano de Stan Winston y los efectos artesanales hubieran hecho acto de aparición más a menudo], un reparto cumplidor [todos hacen lo que pueden con un libreto tan esquemático y simplón] y una dirección más artesanal de lo que cabría esperar, en la cual se aprecia que después de todo Mostow no era una mala elección [pese a que hubiese sido preferible alguien como John McTiernan, en mi humilde opinión]. No, "Terminator 3: La Rebelión de las Máquinas" no me parece mala, simplemente me parece un desenlace mediocre a una saga prodigiosa, medianía fílmica que cuenta con una sola virtud que destaque: un final sorprendente, devastador y anticlimático.

Ahora, en vista de la floja acogida de esta tercera entrega, del reavivado interés por el universo Terminator que ha propiciado la aparición de la serie "The Sarah Connor Chronicles" y, obviamente, la llamada del poderoso caballero Don Dinero, los productores han decidido partir de cero y comenzar una nueva trilogía, liderada por Christian Bale en el papel de John Connor. Coescrita por Jonathan Nolan ("El Caballero Oscuro"), los avances y fotografías que hemos ido viendo auguran un filme bastante mejor que este, pese a que la labor de dirección ha caído en manos de un nombre no demasiado alentador: McG, director de esas abominaciones chuflísticas llamadas "Los Ángeles de Charlie" y "Los Ángeles de Charlie: Al Límite". Con todo, mantengo mi confianza en que la nueva línea argumental, situada en un futuro totalmente distinto a lo expuesto en anteriores entregas, puede dar mucho juego para unas narraciones de calidad. Veremos.

Finalmente, os dejo una valoración personal de cada entrega de la saga, dando por concluido el tríptico de críticas:

-Terminator: 9,5/10

-Terminator 2 El Juicio Final: (Montaje de cine) 9/10 (Montaje Extendido) 10/10

-Terminator 3 La Rebelión de las Máquinas: 5,5/10