viernes, 21 de noviembre de 2008

Día Mundial de la Infancia con sabor agridulce


Ayer se celebró el Día Mundial de la Infancia. Lo que debería haber sido un día de celebración y esperanza [de cara a los que sin duda serán el futuro de nuestro mundo] fue un día con sabor agridulce, empañado por datos objetivos y demostrados que quitarían el buen sabor de boca incluso al más pintado. Y es que hay muchos (demasiados) niños que padecen una serie de problemas graves, tales como:

-Analfabetismo y falta de escolarización: Según datos extraídos de UNICEF, cien millones de niños no van a la escuela, no recibiendo un derecho mundialmente reconocido como es el de recibir una educación y formación adecuadas, un derecho al cual todo niño sobre la Tierra debería tener acceso.

-Explotación laboral: Si hacemos caso a los datos que proporciona la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en la actualidad 211 millones de niños, niñas y adolescentes (con edades comprendidas entre los 5 y los 17 años) trabajan, la gran mayoría en condiciones infrahumanas que perfectamente podrían describirse como explotación infantil.

-Maltratos abusos sexuales y homicidios: En el Foro Internacional sobre Infancia y Violencia [que tuvo lugar el año pasado en Valencia] se citaron datos escalofriantes; solamente en Asia desaparecieron 60 millones de niñas [debido a feticidios e infanticidios, y abandonos por razón de género]; además, se calcula que en Latinoamerica más de 2 millones de niños, niñas y adolescentes son prostituidos y explotados sexualmente cada año (datos aportados, de nuevo, por UNICEF), y, por si eso no fuese suficiente, 150 millones de niñas y 73 millones de varones menores de edad sufrieron violencia sexual [manoseos, relaciones sexuales forzadas...] (Estudio de 2002 realizado por la OMS -Organización Mundial de la Salud-, aportado en el Foro); para rematar, 53.000 niños murieron asesinados en todo el mundo.

-Mortalidad prematura: Más de nueve millones de niños menores de cinco años mueren cada año en el mundo (si hacemos caso a los datos de UNICEF), de los cuales, 4 millones mueren antes de siquiera llegar al primer mes de sus vidas (matización de la OMS). No es casual que estas cifran coincidan con un mundo en el cual hay casi 20 millones de menores de cinco años que padecen las consecuencias de una desnutrición grave, falta de agua potable y de un saneamiento adecuado.

-Conflictos bélicos: A tenor de los datos, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los niños siempre son los más afectados por las guerras. Amnistía Internacional nos revela que existen aproximadamente 300.000 niños soldados en el mindo (pese a que las cifras nunca son precisas del todo). Algunos datos demuestran que cerca de 200.000 niños resultan heridos en los conflictos, y que 600.000 mueren durante su transcurso. Estos datos parece que a nosotros, ciudadanos de a pie de una sociedad bienestante, nos toca de lejos [son datos del tercer mundo, qué le vamos a hacer].

Pero no nos equivoquemos: también hay mierda para salpicar a nuestros niños. Mientras muchos mueren de hambre, hay cada vez más niños sobrealimentados [está claro que la humanidad no entiende de puntos medios, o se peca por exceso o bien por defecto]. Sí, la obesidad, nueva pandemia de los países desarrollados, está cada vez más extendida.


Esto es la repera, señores. ¡Niños enfermos por comer demasiado! Como dirían los gringos, Holy shit! Una cosa es enfermar por no comer y otra cosa es eso. La evolución y el tiempo demuestran que el ser humano es capaz de llevar el equilibrio natural a extremos psicotrópicos: unos tanto y otros tan poco.

Con este panorama, solo es posible vivir el Día Mundial de la Infancia con un sabor amargo en la boca, esperando [deseando mejor dicho] la llegada de tiempos mejores, o al menos, de un mundo más equitativo.