sábado, 15 de noviembre de 2008

Dándole la vuelta al concepto "Superhéroe"


Situando el [aún a días de hoy] prohibitivo precio de los DVD –que llega a extremos delirantes si nos proponemos adquirir una película en Alta Definición- dentro del contexto, rara es la ocasión en que por nos llevamos dos películas por el precio de una –el último caso fue el de Tarantino y Rodríguez, que montaron a pachas el fallido a nivel ecónomico pero muy destacable proyecto “Grindhouse”-. Como gran parte de crítica y público ha señalado, el visionado de “Hancock” es una de esas ocasiones.

El problema es el mismo que con las últimas cintas de Shyamalan: la campaña de marketing la vendió como algo totalmente distinto a lo que en realidad es. Mientras que en el espectacular trailer veíamos una comedia de acción trepidante cargada de efectos especiales, mala leche y con un atípico superhéroe como protagonista, la película en si misma tiene mucho de comedia dramática y bastante menos de acción –y apenas nada de superhéroe. Lo que el tándem Smith-Berg (Smith a nivel de protagonismo, producción, e intervención en el guión y montaje final; Berg como director) nos ofrece es una visión distinta al mundo de los superhéroes, partiendo de una premisa harto interesante –y que, en caso de que no la conozcáis ya, no pienso desvelar-, logrando un muy encomiable equilibro entre comedia –pese a que en ese apartado recurre algunas veces a gags algo manidos-, drama –el superheroísmo que nos vendió el trailer cede protagonismo a explicaciones de corte mito/teológicas en su segunda mitad- y acción –acertadamente repartida a lo largo del metraje-.

Sin duda, cabe mencionar que el año 2008 ha sido el año de los superhéroes: además del Hombre de Hierro, la Masa, Batman –o mejor dicho, El Caballero Oscuro- y Hellboy, nos surgen superhéroes completamente nuevos y al margen de cualquier cómic –tal como ya hiciera el anteriormente mencionado Shyamalan, creando a David Dunn para su obra cumbre “El protegido”-. En febrero llegó a las carteleras españolas David Rice, el héroe [más nenaza que héroe, eso sí] de la cinta “Jumper”, que suponía la subida de 20th Century Fox al carro de los superhéroes autónomos y una revisión de dicho concepto a través de una protagonista anticarismático y hedonista que solo actúa movido por el egoísmo. Dicha propuesta no cuajó debido a los mejorables resultados artísticos de la cinta y al poco carisma que inspiraba el sosainas de Hayden Christiensen como superhéroe. Este verano Columbia nos trajo lo mismo pero hiperpotenciado: en lugar de un superhéroe egoísta, lo que nos queda es un antihéroe borracho y patoso que provoca más daños de los que arregla. Genialmente interpretado por Will Smith –un ejemplo de cómo aunar presencia, capacidad intepretativa y comicidad, todo en uno-, este personaje logrará que nos riamos con sus calamidades, que lamentemos sus fracasos, nos tendrá en tensión cuando corra peligro su vida –por así llamarla- y vitorearemos su regreso triunfal.

Porque si hay algo que a “Hancock” no le falta (pese al flojo guión de Akiva Goldsman y Vincent Ngo) es brío. El ritmo es preciso, no hay desplome narrativo que valga: cuando no hay acción, hay comedia, y si no, tenemos drama. La sorprendente mezcla de géneros, unida a una sorprendente mitología –que, al contrario que en “Jumper”, sí llama la atención y atrae- y a una (moderada) ruptura de los códigos que marcan los filmes superheroicos –por ejemplo, la ausencia de un supervillano con grandes poderes, o el curioso talón de Aquiles de Hancock- nos da como resultado una convincente alternativa frente a otros films del género.

Pero falla en determinados aspectos: la dirección de Berg cumple con nota casi todo el metraje –ya nos sorprendió su manejo de la cámara en mano con “La sombra del reino”, también producida por Michael Mann-, pero en determinados momentos parece que nombró a Michael Bay como director de segunda unidad, debido a los interminables giros de 180 grados alrededor de los personajes que vemos en ciertos momentos y que acaban por marear al más pintado. También puede chocar la ausencia de un villano de empaque –pese a que a lo largo de la cinta no falta acción-, la mitología puede resultar un tanto forzada debido a cómo se explica básicamente, y sobretodo, se le puede achacar una cierta carencia de un tono definido –da la sensación de que esta cinta encontró su forma final en la sala de edición-.

Pero da lo mismo: cuando Smith –y digo Smith por que él es la película, pese a que le acompañan una muy competente Theron y un sorprendentemente divertido Jason Bateman- emplee sus poderes con la excelente banda sonora de John Powell resonando en vuestro salón, no podréis evitar estar en tensión y emocionaros. ¿Lo peor de la cinta? Lo dicho, su indefinición temática, que puede provocar una cierta sensación de vacío al acabar la película -básicamente, como cuando comes una hamburguesa del McDonalds: fácil de comer y más aún de digerir, pero te deja con ganas de más.